jueves, 22 de julio de 2010

Hamlet, acto 3 escena 1

Ser o no ser. Esta es la cuestión.
Si es más noble sufrir en los ánimos los tiros y flechazos de la insultante fortuna o alzarse en armas contra un mar de agitaciones y enfrentándose con ellas, acabarlas.
Morir, dormir, nada más, y con un sueño decir que acabamos el sufrimiento del corazón y los miles de golpes naturales que son herencia de la carne.
Esa es una consumación piadosamente deseable: morir, dormir, dormir, quizás soñar. Si , ahí está el tropiezo, pues tiene que preocuparnos qué sueños podrán llegar en ese sueño de muerte, cuando nos hayamos desenredado de este embrollo mortal.
Esa es la consideración que da tan larga vida a la calamidad,
Pues, ¿quién soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, el agravio del opresor, la burla del orgulloso, los espasmos del amor despreciado, la tardanza de la justicia, la insolencia de los que mandan y las patadas que recibe de los indignos el mérito paciente, si él mismo pudiera extender su documento liberatorio con un simple puñal?
¿Quién aguantaría cargas, gruñendo y sudando bajo una vida fatigosa, si no temiera algo después de la muerte, el país sin descubrir, de cuyos confines no vuelve ningún viajero, que desconcierta la voluntad y nos hace soportar los males que tenemos mejor que volar a otros de que no sabemos?
Así, la conciencia nos hace cobardes a todos y el colorido natural de la resolución queda debilitado por la pálida cobertura de la preocupación y las empresas de gran profundidad y empuje desvían sus corrientes con esta consideración y pierden el nombre de la acción…

No hay comentarios:

Publicar un comentario