lunes, 21 de febrero de 2011

Sobre el teatro y la inclusión



En el teatro algo sucede, acontece, unido al encuentro y a la reunión con los otros. Asimismo, permite poner un mundo a existir.
Por eso proponemos reflexionar desde la escena. Y a partir de ahí, abrir puertas a la aceptación de lo distinto.
En particular, consideramos que, para lograr la inclusión, es preciso comenzar por promover otra mirada de la sociedad sobre sí misma. O en principio, una mirada.
Ponemos en discusión el concepto de la inclusión desde las artes escénicas, porque creemos que el teatro implica un discurso desde distintos planos de significación, inseparable de las circunstancias históricas, sociales y políticas que determinan la voz que lo emite, desde dónde se emite, la circunstancia temporal que lo atraviesa y quién lo recepta.
A esto mucho se dice que el teatro no puede ni debe hacerse cargo de las circunstancias sociales. Pero no podemos dejar de considerar que el teatro es una imagen donde la sociedad puede reconocerse. Tomo la idea de J.L Lagarce en su ensayo Teatro y poder en Occidente: “Gracias al teatro, el grupo social puede experimentar en escena su propia individualidad o, al menos, lo que se empeña en afirmar como tal. El teatro se convierte en la evidencia de sus particularidades, de sus diferencias y de sus límites. Permite situar en un espacio una definición colectiva. Se le concede al teatro el derecho de asumir el presente y expresar las relaciones que se tejen en su seno. El grupo queda atrapado en sus juegos de espejos. Le gusta ver y volver a ver los conflictos de sus propias estructuras. En una escena se captan mejor las dificultades que rigen la propia existencia”.
Proponemos hacernos cargo de este espejo exhibiendo una individualidad, dando cuenta de ella y a partir de su observación, asumiendo su existencia, con el desafío de producir un lenguaje poético, una huella en los sentidos por el juego de los planos de significación.

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