viernes, 10 de junio de 2011

De la periferia al centro y del centro a la periferia


Escribo desde la intuición y desde las experiencias vividas que se transfieren a una síntesis de la realidad que luego son sublimadas en mi escritura.
Mi obsesión es poder fotografiar la historia de un tiempo. Donde entiendo que en mi caso, el arte, es una dramaturgia que también es ciencia, aquí hay medida y calculo. La forma de relacionar las palabras trasfiere un ritmo, un tiempo y un código. Una transferencia del complicado universo humano que mezcla, resta y suma. En cada escritura busco encontrar la esencia, que corresponda a una sensación social, que ocurre en el hecho historico-politico inmediato.
Trato que el entramado total logre una estructura que configure un símbolo artístico que sea reconocible por el inconsciente de una geografía para lograr el rito y la catarsis necesaria que expían a los monstruos con los que a diario habitamos. Porque en mi experiencia teatral el teatro es el espacio del encuentro, donde confluyen las grandes energías emocionales que hacen despertar el ángel y el animal interno que nos lleva a encontrar alguna verdad.
Por eso la escritura de una dramaturgia no es inmediata y automática, es una vibración que hace sentido. Esto me hace deducir que mi dramaturgia se alimenta de la calle, de la interacción de aquel o de aquella. De aquel día que tuve una conversación real o de una conversación vacía. De las distintas crisis que como individuo se igualan en dolor, a pesar que se representan en escenarios distintos. Creo que cuando el dolor logra hacer trampa al ego y por un momento controlamos a nuestro animal, podemos ver el resto del cosmos. Cuando me conecto en esa vibración, ocurre y llega la estructura. Es un ir y devenir.
No creo que tenga las razones para poder explicar el por qué escribo para el teatro, porque el arte es infinito y finito. Toda manifestación humana contiene esa dicotomía como estructura constante, un día nos polarizamos en algo y otro día nos polarizamos en otro algo, de ahí viene la tensión, el conflicto o, el drama constante del existir.

Cristian Soto. Dramaturgo chileno
photo: Lluis Miras Vega

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