jueves, 5 de abril de 2018

Critica de GEOteatral - El argentino perfecto

Coqueteando con la idea del, satírico, corto documental El humano perfecto (1967) de Jorgen Leth, Ana Laura Suárez Cassino, propone jugar a investigar, en este caso, las características del argentino perfecto.
Pensada en términos de experimento científico, esta obra, por momentos cruel y real, por momentos irónica y divertida; permite al espectador encontrarse a sí mismo, por identificación o rechazo, una y otra vez, entre los textos y las situaciones que vive cada uno de sus personajes.

Concentrada en el período del 45 al 55, pero con claros guiños a la actualidad política, la obra, presenta un interesante análisis de la historia y la sociedad de nuestro país, por medio de un sinfín de textos sin desperdicio. Los mismos son encarnados en muy buenas actuaciones que saben explotar una gran variedad registros y recursos que van desde el audiovisual a la mímica, pasando por momentos musicales.
La constante mirada a público, que indaga y busca respuesta entre los espectadores, rompe permanentemente la cuarta pared. La escenografía que no intenta, siquiera, disimular ser cartón pintado, ni alcanzar la tridimensionalidad, insiste en recordarnos que estamos en el teatro y que todo es ficción, aunque se retrate, impecablemente, la realidad.
El vestuario, siempre ropa de trabajo, va delineando los cambios sociales en cada uno de los personajes.

Este documental, paródico y ficticio, presenta el estudio del ser humano argentino poniendo en escena seis mundos paralelos, lejanos y al mismo tiempo notablemente parecidos; atravesados inevitablemente por las mismas temáticas: la pobreza, el peronismo, la envidia, la migración interna, el binomio campo-ciudad, la grieta, el trabajo, la movilidad social, la clase media, la fábrica, el sueño de la casa propia, entre otras.
Acciones coreográficas, simultáneas y sincrónicas, van uniendo esos mundos, esas vidas. Los monólogos de cada personaje, que en principio parecen no tener nada que ver entre sí, comienzan a conectarse. Los cruces forman diálogos donde no lo había, hasta llegar a generar una unión que crea una nueva voz colectiva.
Conectados como por hilos, las circunstancias de uno van dejando huella en la realidad del otro; ya que cada historia, única e irrepetible, está afectada por la gran historia, la compartida; la de todo un país.
La utilización de objetos que se mezclan, hasta el punto de no saber a quién le pertenecen, refuerza esta idea de que, de algún modo, les pertenecen a todos.
Así, la obra, constantemente se mueve entre lo individual y lo compartido, lo personal y lo colectivo, lo propio que está íntimamente ligado con lo otro para generar un todo.

El argentino perfecto se sumerge, de esta manera, en la difícil tarea de analizar y comprender, sin perder la seriedad ni el sentido del humor, la complejidad de la idiosincrasia argentina.

por Erika Chalandovsky.

Link a la nota AQUÍ

No hay comentarios:

Publicar un comentario