sábado, 28 de abril de 2018

Ensayo para una génesis. Crítica de El argentino perfecto en "Espectáculos de acá".

Ensayo para una génesis
por Martín Cantet
La pregunta por el esencialismo en el ser nacional supone descorrer el velo de nuestra historia y encontrar en ella un mito fundante que se materialice verdaderamente los vaivenes, desavenencias y antinomias que puedan servir de nuestras génesis. Así, en clave experimental, ensayística y, ante todo, teatral, El argentino perfecto es una propuesta inigualable de Ana Laura Suárez Cassino para ensayar aquella respuesta.
El peronismo, momento histórico de irremovible trascendencia para propios ajenos, es nuestro escenario, que describe una mezcla de muebles bidimensionales combinados con otros tridimensionales: sillón, ventana, chimenea, escamoteos de hogares de alta y baja alcurnia que se construyen según el instante teatral en diversos contextos. Nuestros anfitriones, cinco obreros en sus overoles, cabecitas negras desclasados de sus páramos y empujados a la urbanidad. La sexta actriz, elegantemente vestida de maestra normal, nos explica el experimento. Se trata no de contar una trama de principio a fin sino de abrir este imaginario peronista en búsqueda de imágenes que, cuando menos, sugieran la construcción del argentino perfecto. El broche de oro, un bolillero de bingo que supone la aleatoriedad de la sucesión de imágenes y que nuestra maestra de ceremonias va introduciendo.
Lo que sigue son una serie de referencias inevitables de aquellas décadas: el turismo social, la figura de Gatica, el chalet y su parquet levantado para el asado, fragmentos que no solo reparan en la admiración sino también el odio, haciendo patente la contradicción como partícula elemental de nuestro ser nacional. Estos brillantes actores se transmutan en la empleada doméstica, el pugilista rescatado del terruño pauperizado y hasta el oficio clase media, renuente a la conversión social del peronismo. Todo esto, con intervenciones musicales que se integran a la puesta, dictando ritmos de movimiento, patrones de conducta de los protagonistas e incluso tendiéndoles el tapete para cantar rap.
En clara clave experimental, con intención poética y rimbombancia a discursos presentes, El argentino perfectoprovoca a su platea a través de la evocación de representaciones abstractas, pero no por ella sin sentido, que retoman una historia, un proceso político y una discusión vigente sobre nuestra identidad. Su originalidad innegable encuentra una nueva forma de narrar teatralmente ese inagotable hervidero interpretativo que es el siglo XX argentino.
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